20 enero 2010

Niebla / San Manuel Bueno, Mártir - Miguel De Unamuno


Sinopsis:

El hombre se fragua un destino mediante la lucidez mental, pero esta lucidez mental, esta misma fuerza reveladora de realidad se ciega ante la niebla enigmática de la existencia. En esta novela, Unamuno nos presenta a Augusto Pérez, un hombre cuya inteligencia lo enfrenta a la posibilidad de su no ser. Hijo único ya sin madre cuando empieza el relato –y a lo largo de él buscador de esposa que sustituya a la madre–, cuya memoria consciente y subconsciente está llena de la presencia evocada de lo ausente. En el limbo de esta memoria, intenta curarse de las heridas del amor, del fracaso en el mundo, de la angustia de no saber nunca quién es. La historia de Augusto Pérez es, por tanto, la historia de un hombre que vive en un sueño, en una niebla, es la historia de un hombre que empieza a despertar gracias a la experiencia del amor, que toma conciencia de la realidad que le rodea, justamente para darse cuenta al final de que no existe dicha realidad, de que todo es, en efecto, un sueño, una ficción, huérfana absoluta de dominio. Agusto Pérez, conocedor finalmente del misterio primogénito de su existencia, se enfrenta a Unamuno en Salamanca, ya no como Hombre, sino como personaje ficcionado por aquel otro: (Augusto) - Bueno, y ¿qué voy a hacer yo ahora? (Goti) - ¡Hacer..., hacer..., hacer!...!Bah, ya te estás sintiendo personaje de drama o de novela! ¡Contentémonos con serlo de... nivola! ¡Hacer..., hacer..., hacer! ¿Te parece que hacemos poco con estar así hablando? Es la manía de la acción, es decir, de la pantomima. Dicen que pasan muchas cosas en un drama cuando los actores pueden hacer muchos gestos y dar grandes pasos y fingir duelos y saltar y... ¡pantomima!, ¡pantomima! ¡Hablan demasiado!, dicen otras veces. Como si el hablar no fuese hacer. En el principio fue la Palabra y por la Palabra se hizo todo. [...] Como el texto bíblico, en Niebla trata Unamuno, el problema del orden del universo, de la relación entre creador y criatura (extrapolado a la relación entre el autor y sus personajes o entre la realidad y la ficción). Los dos se preocupan por la posición del ser humano en el mundo, por su esencia, por su significado profundo, pero por sobre todas las cosas, la concepción misma de la existencia, la existencia concreta y real del hombre de carne, huesos y recuerdos. También, con similitud a los textos del génesis, Unamuno se incorpora a su propia novela, perdiendo su carácter omnipresente para pasar a convertirse en un actor más. De este modo, el autor no sólo provoca la incertidumbre sobre la existencia humana, sobre su carácter irreal, sino que extrapola esta incertidumbre también al Dios del Génesis, a ese Dios que parecía tan fuerte e incontestable, sugiriendo, a través de la ruptura de niveles narrativos, que las conclusiones que se puedan sacar para Augusto, para el Unamuno-personaje, para el Unamuno-autor y para nosotros, todos, sus lectores, pueden ser válidas también para el ser supremo, cuya realidad sería, cuanto menos, problemática.

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